Dios se aprende en la familia
De las cosas que más admiro que nos hayan enseñado en mi familia, es demostrar el afecto a nuestros hijos través del contacto físico: Tocar su pelo.
Contemplar sus ojos.
Acariciar su rostro .
Usar palabras para afirmar su corazón.
Oler su cuello.
Hacer cosquillas en la espalda.
Abrazar con toda la fuerza del corazón.
Acostarse en la cama y decirle lo importante que es para tí.
Los niños, los jóvenes, nuestros hijitos no necesitan tanto verbo, necesitan que les demostremos todo el amor; un papá, una mamá distantes, lejanos o fríos causan rayones para toda la vida, distorsionan la imagen de Dios, dañan la identidad, roban la seguridad y minimizan fuerzas para enfrentar la vida.
Dios es tan perfecto al regalarnos el amor, tú también ganas al abrazar fuertemente a tu hijo, porque se te baja el estrés, es como si en la perfección de esa demostración de amor, descargaras la preocupación, el cansancio y el dolor. Empieza poco a poco a demostrarle más a tus hijitos todo el amor, ambos ganarán por montones porque es lo que más ama Dios.
Para qué decirle : “ hijo reconoce a Dios! “ Si acá en la tierra tu hij@ siente el vacío, la ausencia y la falta del contacto físico que es tan importante porque habla por sí solo y les dice : “ Amad@ acá estamos siempre para vos: Dios y yo !”