“ Señor acuérdate de mí y llévame contigo”
Y le dije: “ si te sientes muy mal, cansado y que no das más, puedes recibir el regalo de estar con Él hoy”. Me miró algo extrañado como si pensara, “cómo tiene ésta la certeza, cómo habla con tanta seguridad de que estaré mejor allá. será que oro así ?”
Dijo entonces dos veces: “ Señor acuérdate de mí y llévame contigo”. Yo lo escuché y sobé su cabeza.
Quizás papi sabía por las conversaciones con mi esposo y conmigo, por las oraciones en el kiosko y otras tantas con la familia por whatsapp, que el cielo era una certeza en mi corazón, pero lo que no sabía, era que yo había experimentado pedazos del cielo aquí no solo en sueños y revelaciones de Dios; sino también en los hermosos momentos que vivimos acá en la tierra, quizás me había escuchado hablar del cielo: mi certeza era profunda, ese lugar existía y Él estaba a una oración de poderlo pisar. Murió, yo estaba parada al lado de su cuerpo sin vida y vi en mi mente un campo verde y dos o tres personas que parecían ser familiares de papá y a un hombre que yo sabía que era Jesús porque su silueta era más grande que la de los demás, estiraba sus manos a papi, jamás aseguraría que fue una visión porque hoy no tengo esa certeza, quizás pudo haber sido mi fe, mi esperanza, mi mente o mi emoción, pero la certeza del cielo en el corazón y en el espíritu no te la roba ni te la refuta nadie:
“El cielo es un lugar que es real y que nuestro corazón debe con ansias anhelar !”
Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho.