Gracias por cada latigazo
Gracias Jesús porque en cada latigazo iba mi miseria, mi pecado, mi equivocación. En cada latigazo llevabas las veces que me sentí perdida en un mundo que se veía enorme y complejo para uno caber, gracias Jesús porque en cada latigazo te llevaste la falta que me hacía algún familiar por la distancia de los océanos y no poder a ellos correr. En cada latigazo te llevaste alguna parte de mi cuerpo que una vez falló y pensó en desvanecer, para poner uno nuevo y tu nombre reconocer. En cada latigazo te llevabas el juicio, el señalamiento, las veces que sin querer en un bolsillo no hubo más que fe. En tus latigazos iba mi llamado, lo que me mandaste a hacer. Cada una de las personas que humildemente lee una línea de lo que me has puesto a hacer. En cada latigazo ganaste un hogar para mí, perfecto como lo soñaste alguna vez. En cada latigazo ganaste la esperanza a mi duelo, cuando parecía no poder y la muerte parecía la más grande enemiga la más oscura, pero tus heridas me ayudaron a entender. Con cada latigazo, ganaste todas las bobadas superfluas que te he pedido por décadas y que me han permitido conocerte y verte mover. En cada latigazo estaba el nombre de mi hija, su futuro, con certeza de lo más hermoso para su llamado y lo que ella debe hacer. Gracias Jesús porque por tu sangre corría mis días llenos de libertad en cada área y la esperanza enigmática de la vida a tu lado cuando vea tu rostro en ese sublime y eterno amanecer. Gracias porque en cada latigazo iba los nombres de quienes se burlan, ridiculizan y no creen, pero les amas y algún día te han de ver. Gracias Jesús porque cada latigazo y en cada herida de tu cuerpo llevaba nuestros nombres, de todo aquel que está convencido de tu amor y la belleza de tu Ser.