Un amor hasta la eternidad
Es el diseño de Dios y por eso lo pone en el corazón de sus hijos: un amor único, que se mantiene firme en la prueba, que lucha en la dificultad, un amor que sale corriendo de la tentación y reflexiona y cambia por el otro, un amor que no demanda porque solo espera de Dios, un amor que se jura en un altar fidelidad hasta la muerte, un amor que se esfuerza por el otro, que se niega así mismo, que encuentra en lo que Dios lo puso a hacer la mejor manera de proveer para el otro y luchar hasta que duela, un amor que no busca lo suyo, que perdona, que no es egoísta, que es paciente y anhela estar con esa otra persona hasta la vejez.
Puede lograrse con Dios, de Él se aprende las virtudes necesarias, de el se toma el temor, el perdón y la fuerza, de Él se aprende el sacrificio y la capacidad de amar aún lo que no nos gusta, de Dios se toma la responsabilidad, el respeto, la determinación, la firmeza, de Él se recibe la provisión y se aprende que no viene del uno o del otro, sino de Dios, de Él se hereda el romanticismo, la negación a sí mismo y la capacidad de amar hasta la eternidad.