Haz de Jesús tu Señor
El barrio es muy silencioso, pero hoy pasó un joven que estaba bebiendo alcohol. Se metió en las calles, gritaba como queriendo pelear, y lo primero que sentí fue que mi corazón se alteró con miedo y desprecio. Inmediatamente pasé a sentir compasión y dolor por los demás: por los que no han conocido a Dios, los que saben que su condición no es aprobada por Dios ni por la sociedad misma, los que no han sanado traumas del pasado, por los que no reciben la provisión de Dios, los que no han encontrado su propósito en la tierra y los que sus vicios, luchas o errores los han estancado para no ver la plenitud de Dios.
A las 2 a.m., me desperté y leí cada uno de los libros que he escrito. Y sé que escribiré hasta que parta de este mundo sobre lo que hace Dios: cómo transforma poco a poco tu impaciencia, tu control, tu juicio, tu ambición; cómo lava tu feo corazón.
¿Tienes historias que contar de Dios?
¿Son escasas?
¿Son cientos de ellas?
¿Estás afanado y no las enumeras?
¿No las ves?
¿No sabes de qué se tratan?
¿Tienes miles?
¿Son tu estilo de vida?
¿Ves a Dios?
¿Nunca las has experimentado?
¿Estás muy agobiado?
¿Ha transformado cosas feas de tu corazón?
¿Todavía reina la amargura, el odio, la falta de contentamiento, la soledad, el control, la falta de perdón, el duelo, la falta de amor?
¿Conoces de cerca o no a Dios?