Tú lo hiciste

Tú lo hiciste

Una casa

Las personas se afanan por una casa y creen que es su seguridad, a veces no basta con una, sino varias o muchas anhelan comprar. La casa más importante que debes edificar es tu propia vida, tu alma es el templo donde habita Dios. Preocúpate no sólo por terminar la fachada, sino que esté blanca y con luz adentro, una luz que puedas irradiar, que las partes que todavía están en obra negra, las puedas pulir y terminar, afánate por la amplitud donde quepa todo el amor para otros, sobre todo para Dios: tu Papá ; enfócate en que allí todos puedan comer y beber de la dulzura de Jesús, que el piso sea sólido en la fe y que nada la pueda derrumbar, pon todo tu esfuerzo en la limpieza y el orden porque es lo que mira Dios, no te afanes por ladrillos, latas o telas materiales que perecen, el Padre sabe qué necesitas y si le place te lo dará, enfócate en las cosas del cielo y construye tu casa de tal manera que agrade a Dios, tu verdadera casa tu alma, para que algún día cuando partas de este mundo, puedas ver a Dios.
El Hijo del Hombre no tuvo dónde recostar la cabeza, porque sabía cuál era la verdadera casa: nuestra vida, nuestro cuerpo, nuestra alma el templo donde habita Dios. 

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