Tú lo hiciste

Tú lo hiciste

Oreo

Los dueños de Oreo estuvieron en Estados Unidos muchos días, un día fui a saludarlo y agachó su cabeza en la alfombra como mostrándome que estaba triste; tomé uno de sus snacks favoritos y se lo di también lo consolé. A partir de ese día me reconoce, además de que cada que lo veo pido que me permitan darle su snack.
Ayer especialmente entré a saludarlo y abrió sus ojos redondos y perfectos como los de su hna Pepa y dejó que lo consintiera muy de cerca su nariz, sus bigotes, toda su cara frente a la mía lo olí y abracé por largos segundos, es un gato muy bravo pero me reconoció y sabía que yo era la del snack. Salió volado a la nevera mostrándome donde estaba y se sentó en las escalas donde siempre me hago yo.
No sé porque todo el día pensé en Dios, como Oreo y todo alrededor nos habla de Dios.
Cuando nos hemos acercado en medio de la soledad, la necesidad o la tristeza y Él ha salido al encuentro lo reconocemos e identificamos su voz, cuando como a Oreo, tantísimas veces Dios nos ha dado la provisión, nos ha cumplido los anhelos y nos ha mimado con su amor, nos acercamos a Él, nos dejamos amar sin preguntar, sin dudar, sin sacar teorías teológicas, sin refutar, aparece Jesús juega con nuestro pelo, acaricia nuestro rostro con sus palabras, abre la nevera y saca la provisión.
Si no experimentas un Dios amoroso y proveedor, debes cuestionarte si de verdad identificas su voz, debes de preguntarte si donde vas te enseñan un Dios vivo que habla y que provee abundantemente hoy, debes de mirar que no estás haciendo que Dios te pide una vez más hoy; no debes de conformarte con lo que vives porque grande grande es Dios!

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