Mi complemento perfecto
Dios creó una persona para ti, y esta decisión de escoger una persona no se puede tomar a la ligera, deberías esperar en Dios. Él te creó y sabe cuál es la pareja correcta para ti. Alguien que pueda tratarte como un vaso frágil, una pareja que sepa amarte y respetarte. Si ya te has equivocado antes, hoy es un buen día para arrepentirte de haber hecho las cosas en tus fuerzas y de haber tomado las decisiones incorrectas. Estas quizás te han traído dolor, y también han frenado el plan y el propósito de Dios en tu vida. Hace diecinueve años, caminaba de la universidad a casa por la noche. Me sentía triste y sola. Pensaba lo difícil que era encontrar a alguien con quien poder compartir la vida. Siempre estuve decidida en escoger muy bien esa persona, incluso sé que muchos de los dolores más grandes por los que pasamos en la vida es por no saber que Dios preparó a alguien que nos complementaría, y con quien podríamos ser plenamente felices. No obstante, en ese afán por hacer y decidir — principalmente, asuntos tan delicados como estos — escogemos una pareja sin consultar a Dios. Esa noche entré caminando a una iglesia, y le abrí mi corazón a Dios. Le dije que quería tener un esposo que jugara fútbol, ingeniero, que le hablara de Jesús a la gente . Dios conoce tu anhelo, por eso, Dios debe ser quien ocupe el primer lugar en tu corazón. Búscalo hoy, conversa con Él, espera en Él, y no tomes esa decisión a la ligera. Pregúntale Su opinión, porque, al fin y al cabo, es la única que realmente importa. Estoy convencida de que Dios responderá a tu petición. Mientras tanto, te aconsejo — y siempre doy el mismo consejo — que mientras Dios responde esta oración deberías invertir tu tiempo en conocerte a ti mismo, en permitirle a Dios transformar esas cosas que no te convienen, para que, un día, la vida en pareja sea amena y armoniosa. Disfruta de tu familia, comparte con tus padres, hónralos, involúcrate financieramente en sus proyectos y da de lo que tienes: tu tiempo, tu cuidado, tus recursos, tu amor. Dios respondió a mi oración; meses después vi a Juan por primera vez, sin hablar con él sentí una conexión muy fuerte en mi espíritu, y desde el primer momento supe que sería el hombre con quien formaría un hogar. Durante la etapa de noviazgo, cinco años, siempre le preguntamos a Dios sobre nuestra unión. Incluso hablamos con Él la noche antes de nuestro matrimonio, y le pedimos que, si no era Su voluntad, podría tranquilamente cancelar la boda. Cuando hablamos con Dios acerca de cada aspecto de nuestras vidas, todo se hace más fácil: Su dirección y Sus bendiciones nos acompañan en cada momento. Seis años más tarde recordé aquella oración, una oración que hice una vez en la vida y que fue contestada, una oración que no recordaba en medio del ruido y del afán. En ese ir y venir dejamos de lado incluso aquello que le hemos pedido a Dios y, más triste aún, en ese afán de conseguir lo que anhelamos no lo buscamos a Él y, entonces, nos equivocamos. Esas equivocaciones traen frustración y dolor a nuestras vidas, pero incluso esto lo olvidamos. Juan y yo llevamos diecinueve años juntos. Cada día ha estado lleno de aprendizajes, compañía, apoyo y amor. ¡Con Dios todo es tan diferente! Él nos ha regalado ánimo, fe para luchar, amor y respeto por ambas familias, camaradería y días enteros llenos de amor. Ni un solo día al lado de Juan he podido decir que el matrimonio es difícil. Por el contrario: puedo testificar y afirmar que en el matrimonio todo es más fácil y mejor. Dios es el único que puede ayudarte a tener una relación estable y duradera mientras ambos se dejan transformar a la luz de Su palabra. Es un requisito esencial que ambos aprendan, como Cristo nos enseñó, a agachar la cabeza y pedir perdón; a aceptar con humildad los errores y sacrificarnos por el otro. Oración por mi pareja Señor, oro hoy por la persona que Tú creaste para mí. No dejes que me equivoque al escogerla. Te pido que hoy concedas el anhelo de pasar mi vida junto a alguien que me complemente, me ame, me respete y me cuide. En el nombre de Cristo Jesús, Amén.



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