Coronas a Sus pies
Hay personas que basan su identidad y su valor en la empresa que construyeron, en la labor que desempeñan, en el arte que saben, en sus conocimientos, títulos, incluso en apellidos o lugares donde habitan, cómo cocinan, cómo decoran, cómo escriben, cómo diseñan, cómo lideran, cómo hablan, cómo juegan al fútbol, como tocan un instrumento, como leen, como bailan, cómo predican, cómo manejan los idiomas, las matemáticas, cómo limpian, cómo cosen, cómo pintan. Nada de eso te debe definir o dar la identidad, pues todo eso algún día acabará. Lo cierto es que todo eso perece, y ya de nada servirá, cuando llegue el momento de la llamada final, nada de eso tendrá valor y todo perderá su reconocimiento, por eso es de suma importancia que la identidad radique en reconocerse pecador y necesitado de Dios, saberse perdonado, aceptado y recibido por Dios, entender que la verdadera identidad es ser hijo de Dios, es sentirse con una corona en la cabeza, que Él te da, corona que algún día también a Sus pies tirarás.



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